Se sabe: la industria textil es, después de la del petróleo, la segunda más contaminante del planeta. Según la ONU, produce el diez por ciento de las emisiones de carbono y desperdicia toneladas de agua en sus procesos de producción. Por esa razón, el concepto de sustentabilidad se volvió relevante en el mundo de la moda y la tendencia es ir hacia modelos de negocio más amigables con el entorno. Hace más de una década, Ornella Basilotta creó la marca de ropa que bautizó con su apellido y a través de esa estructura empezó a fabricar bolsas de viajes, mochilas, carteras y hasta porta-notebooks con bolsas de arena y otros residuos de Vaca Muerta. En contra del concepto del fast-fashion, la colección Fracking Backpack promueve la creación de bienes durables. “Una de mis hijas siempre me decía que quería hacer lo que hacía yo cuando fuera grande y a mí no me gustaba tanto esa idea. Había entrado en una crisis personal, pero sobre todo laboral. Yo quería dejarle una huella, enseñarle algo, más allá de la frivolidad de la moda. Entonces dije ‘si voy a hacer esto, lo tengo que hacer de una forma totalmente distinta’”, comenta la diseñadora.

LA DISEÑADORA ORNELLA BASILOTTA CONVIRTIÓ LOS RESIDUOS DE LA INDUSTRIA PETROLERA EN EL PRINCIPAL INSUMO DE SU MARCA DE INDUMENTARIA, UNA APUESTA POR EL MEDIOAMBIENTE.

El camino hacia la sostenibilidad comenzó con el reemplazo de fibras sintéticas por fibras naturales. Pero luego de un viaje a Neuquén, Ornella cambió el rumbo de su negocio: “Fui a conocer Vaca Muerta y cuando me mostraron las bolsas, me contaron que iban a ser incineradas porque la industria petrolera no les daba ningún uso. Yo enseguida vi eso como un textil y me enamoré de la idea de transformarlo”.

FUI A CONOCER VACA MUERTA Y CUANDO ME MOSTRARON LAS BOLSAS, ME CONTARON QUE IBAN A SER INCINERADAS PORQUE NO LES DABAN NINGÚN USO. YO ENSEGUIDA VI ESO COMO UN TEXTIL Y ME ENAMORÉ DE LA IDEA DE TRANSFORMARLO”

Para recuperar los bolsones, se trabaja en la descontaminación y el planchado, y luego se les realiza un tratamiento a través del calor. El material termina enrollado y cuando llega a la fábrica, se clasifica por tamaño y color según el destino que se le dará. Lo cortan con molderías que son cero desperdicio y es derivado a las unidades productivas. Las prendas son combinadas con descartes de cuero y con chapas de segunda y hasta tercera calidad que también reutilizan. Y como el producto final conserva las estampas de las bolsas de arena, cada uno es único y tiene esas inscripciones relativas a la industria del petróleo. La marca también cuenta entre sus proveedores a cooperativas textiles que promueven el trabajo digno. “Muchas personas que antes eran recicladores informales, hoy están en blanco, dentro del sistema laboral. Trabajar con cooperativas tiene un impacto social enorme”, concluye.