SU NOMBRE ES SINÓNIMO DE FILOSOFÍA. LA DIFUNDE E INVITA A TODOS A PRACTICARLA MÁS ALLÁ DE LOS DICTADOS DE LA ACADEMIA, PLANTEANDO UNA INSTANCIA DE DIÁLOGO DONDE LAS PREGUNTAS EXISTENCIALES TIENEN RESPUESTA SIN NECESIDAD DE BUROCRATIZAR EL PENSAMIENTO. EN ESTA ENTREVISTA DA ALGUNAS CLAVES DE ELLO.

Alos 51 años, Darío Sztajnszrajber tiene varias cosas claras. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires e hincha medular de Estudiantes de La Plata, sabe –siempre supo– que el arduo estudio al que lo obligó la disciplina académica elegida no podía simplemente quedar en un diploma enmarcado o presente en papers que solo podrían leer –y entender– sus colegas. Por eso ha sido y es docente en distintos niveles de enseñanza, condujo programas de televisión (el recordado Mentira la verdad en la señal educativa Encuentro), ciclos de radio (Demasiado humano es actualmente parte de la grilla de Futurock) y disertaciones en teatros (Desencajados, Salir de la caverna). Además, hombre de letras al fin, publica libros donde cultiva uno de los perfiles que menos gustan al mundo académico y a él más lo satisface: el de divulgador. Su último opus, Filosofía a martillazos. Tomo 1 (Paidós), editado en mayo de este año, continúa entre los más vendidos de no ficción, siguiendo la estela de su antecesor, Filosofía en once frases, que finalizó el 2018 al tope de los libros más leídos por los argentinos. No es poco para quien un buen día decidió “sacar a la filosofía de la caverna” y se transformó en un personaje público viniendo de donde viene.

–¿Cómo vivís el hecho de ser una celebridad? ¿Te gusta o te complica?

–Lo que disfruto es que se esté dando este lugar de circulación de la filosofía por lugares insólitos y populares. Cuando se habla de celebridad se apunta más a un desarrollo individual. No lo siento en esa perspectiva. Me siento un emergente de lo que fue Canal Encuentro en cuanto a habilitar lenguajes que vienen del mundo de la academia a un plano más masivo y generando una transferencia diferente, la misma transferencia que como docente generás en el aula, y ver si era posible generarla en un público más masivo.

–¿Estamos generando una filosofía académica, o de algún otro tipo, en la Argentina?

–Las formas académicas en las que se trabaja la filosofía continúan vigentes y lamentablemente no han generado muchas modificaciones. La divulgación no compite con la academia sino que hay otro idioma. Los temas son los mismos, pero se hablan y tienen propósitos distintos. En la Argentina el desarrollo de la filosofía académica no cambió, es el mismo. Lo que sí cambió fue que por fuera de la academia hay cada vez más gente que se dedica a la divulgación e intenta que esa divulgación filosófica tenga inserción directa en lugares donde antes no se daba: los medios, la política, la empresa y hasta la religión. La academia recibe esta novedad replegándose sobre sí misma y se vuelve más dogmática y obviamente mucho más dura en su cuestionamiento. Me parece importante salirse de esa discusión. Nadie hace una filosofía más verdadera que el otro.

“ME SIENTO UN EMERGENTE DE LO QUE FUE CANAL ENCUENTRO EN CUANTO A HABILITAR LENGUAJES QUE VIENEN DEL MUNDO DE LA ACADEMIA A UN PLANO MÁS MASIVO”

–¿Se puede recordar la consciencia de la muerte cuando la depresión es un mal de época?

–En realidad mi respuesta a tu pregunta es invertirla. Tu pregunta parte de la idea de que lo que deprime es la consciencia de la finitud. Yo creo que es al revés: vos teniendo consciencia de finitud, recordando, siendo consciente de que nacimos para morir, podés empezar a trabajar esa depresión porque de algún modo te liberás de mandatos, de omnipotencias, de representaciones que uno se hace de lo humano como eterno o ultra poderoso. El reconocimiento de nuestros límites es el modo de elaborar el hecho de que nos vamos a morir. Ese carácter finito es perturbador y angustia. Y hay que despegarnos de la angustia como algo negativo. La angustia existencial, que no es lo mismo que la depresión, te reconcilia con tu vocación originaria, que es tratar de entender para qué estamos.

“LA ANGUSTIA EXISTENCIAL, QUE NO ES LO MISMO QUE LA DEPRESIÓN, TE RECONCILIA CON TU VOCACIÓN ORIGINARIA, QUE ES TRATAR DE ENTENDER PARA QUÉ ESTAMOS”

–¿Todos podemos filosofar?

–Todos podemos hacer filosofía. Otra cosa es hacer la carrera de filosofía, que te da un título universitario. Pero mucha gente que hace la carrera no se da el espacio para filosofar, en el sentido de postularse a sí mismo preguntas existenciales. Me parece que a todos nos asalta la pregunta por el sentido, la consciencia de que todo está medio agarrado de los pelos. La institucionalidad desprecia las otras formas de hacer filosofía, pero la divulgación hace que cualquier persona pueda reconocerse en un viaje en colectivo o a la noche antes de dormir haciéndose a sí misma preguntas que escapan al sentido común. Me parece algo que está buenísimo y para lo que todos tenemos capacidad.